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Minimalista

Adj. Alguien que usa elementos sencillos con pocos adornos (y siente placer al hacerlo).

Una silueta pura. Brevedad en la línea. Paleta de colores básica. Si este es tu estilo de almacenamiento, esas palabras te colman de alegría. Y el desorden es el enemigo a combatir.

Disfrutas de una vida llena de color, pero la impecable calma de una paleta de blancos es tu refugio.

Para ti, menos es más.

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El estilo ‘Minimalista’ incorpora cuatro módulos de base Lugano con puertas abatibles. Los módulos están diseñados por Morten Georgsen y se ofrecen en cuatro colores distintos. No obstante, para este estilo de almacenamiento, la discreta elegancia del blanco mate resulta indiscutible.

Míralo de cerca

Consejos de estilo

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Hay una fina (y organizada) línea entre crear un hogar minimalista y tener un espacio vacío y poco acogedor. Dicho esto, si la atmósfera de nuestro espacio te resulta atractiva, el esfuerzo habrá valido la pena. Es un ejercicio de equilibrio, de colores y materiales, y de saber diferenciar entre la necesidad y el exceso.

La vuelta a lo básico.

Si eres como nosotros, probablemente tengas a la vista más objetos de lo que te permite este look. Escoge distintas tonalidades de blanco y elimina u oculta todo lo que no combine perfectamente.

Empieza desde cero.

Este look es extremo, y requiere de medidas drásticas. Despeja todas las superficies, incluidas las paredes y los pisos, y deja solamente los muebles esenciales. Vuelve a introducir después los elementos seleccionados poco a poco. Con esta técnica extrema podrás llevar tu minimalismo más allá de lo que hubieras podido imaginar. También acelerará el proceso y lo hará, esperemos, menos doloroso.

Textura, no color.

La creencia de que un tema monocromático produce espacios fríos es plausible, pero no siempre cierta. Usa las texturas para marcar acentos, encontrándoles un lugar en el que la luz y las sombras aporten carácter y detalle a tu espacio.

5 trucos para ordenar sin esfuerzo

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  1. Explora páginas web y revistas. Busca la imagen de un espacio que represente tu nivel ideal de minimalismo. Sé realista: una habitación completamente blanca con dos piezas de mobiliario puede resultar atractiva para el amante del diseño que llevas dentro, ¿pero se adaptaría a tu estilo de vida? Una vez que hayas encontrado el espacio perfecto, imprime la imagen y cuélgala en el refrigerador o haz una captura de pantalla: esa será tu meta. Comienza el viaje reconsiderando cada objeto: preguntándote qué es esencial, qué debes ocultar y de qué debes deshacerte.
  2. Es un método probado, pero no apto para corazones sensibles. Consigue cuatro cajas grandes. En una de ellas escribe ‘BASURA’; en otra, ‘DONAR’; en otra, ‘CONSERVAR’; y en la última, ‘REUBICAR’. A continuación, asigna cada objeto del espacio a una de las cajas. Intenta desconectar tus emociones y evaluar los objetos de manera objetiva. Cuando hayas terminado, resiste la tentación de volver a clasificar los objetos y actúa inmediatamente.
  3. Un enfoque menos traumático y más sostenible es dividir tu proyecto de organización en porciones más fáciles de asimilar. Elije unos cuantos estantes de la cocina, o la mesa de centro quizá. Ataca esa zona y clasifica tus posesiones en las cuatro categorías. Una vez terminada la zona, mantenla así y, cuando tengas tiempo, pasa a hacer lo mismo en el espacio contiguo. La idea es que la zona organizada se vaya expandiendo gradualmente hasta llegar a abarcar toda la casa. Este método también te da tiempo para adaptarte al cambio de estilo de vida y de look.
  4. Este truco te ayudará a reducir el desorden… y tu desequilibrio kármico. Simplemente regala una de tus posesiones cada día, durante un año. Es más fácil de decir que de hacer, suponemos.
  5. Lograr un minimalismo radical puede resultar difícil cuando entran en juego la familia, los pasatiempos y, en definitiva, la vida normal. Una alternativa es invertir en muebles que sean prácticos e integren un espacio almacenamiento. Guarda los libros, las sábanas y toda la ropa que no sea de temporada en un compartimiento debajo de la cama. Pon las revistas y la creciente colección de controles remotos en el brazo del sofá.